Conociendo a Benny: entre la selva colombiana y el espíritu rave británico

En los últimos años, Rio Hostel se transformó en mucho más que un hostel perdido entre el río, la selva y las playas del Caribe colombiano. Ubicado en Buritaca, cerca de Santa Marta, el proyecto pasó de ser un destino mochilero alternativo a convertirse en uno de los puntos de encuentro más importantes para la cultura electrónica underground en Latinoamérica. Detrás de gran parte de esa identidad aparece el nombre de Benny: DJ, booker, cofundador y una de las piezas fundamentales en la construcción del universo musical que hoy rodea al Río Hostel y al Bonanza Festival.

Originario del Reino Unido, Benny se formó como raver en ciudades como Bristol, Exeter y Londres, absorbiendo de primera mano la tradición de warehouses, soundsystems y clubes que moldearon generaciones enteras de música electrónica. Esa influencia sigue muy presente en su forma de entender la pista de baile: líneas acid, bajos marcados, espíritu old school y una energía rave que atraviesa géneros sin encerrarse en ninguno. Su sonido puede moverse entre house, techno, electro, trance, breaks o IDM, pero siempre mantiene una lógica narrativa muy ligada al viaje largo y psicodélico de club.

Cuando se mudó a Colombia en 2015 junto a su amigo Guy para fundar Río Hostel, difícilmente imaginaban el impacto cultural que terminaría teniendo el proyecto. Con el paso del tiempo, el espacio comenzó a atraer viajeros, DJs y artistas de distintas partes del mundo, generando una comunidad que creció orgánicamente alrededor de la música, la naturaleza y una manera mucho más libre de vivir la experiencia clubbing.

Ese crecimiento encontró uno de sus puntos más fuertes en 2018 con el nacimiento de Bonanza Festival. Lo que empezó como una fiesta open air de un día fue evolucionando rápidamente hasta convertirse en un festival de varios escenarios y varios días de duración, funcionando prácticamente sin pausas entre río, playa, selva y pistas escondidas. Resident Advisor describió al festival como una experiencia “multi-space, multi-day”, mientras que medios como Trommel destacaron cómo Bonanza pasó de ser una reunión local a una referencia internacional dentro del circuito de festivales boutique underground.

Parte de esa evolución tiene que ver directamente con la curaduría musical de Benny. Desde sus primeras ediciones, Bonanza apostó por una programación que mezcla figuras internacionales de culto con artistas colombianos y latinoamericanos emergentes, evitando caer en fórmulas festivaleras tradicionales. A lo largo de los años pasaron nombres como Jane Fitz, Vera, Vlada, Midland, DJ Masda, Aurora Halal, Nicolas Lutz, Prosumer y Radioactive Man, entre muchos otros. También se consolidó una fuerte camada de residentes y artistas cercanos al proyecto, como Unai Trotti, Adi, Leeon y Nicolas Duque, quienes ayudaron a definir el sonido característico del festival.

Pero Bonanza no se volvió relevante únicamente por sus lineups. El festival logró construir una identidad propia muy marcada, donde conviven sesiones ambient junto al río, floor de techno y breaks, espacios dedicados al perreo, la champeta y sonidos latinoamericanos, además de una fuerte conexión con el entorno natural. Esa mezcla entre cultura rave europea y sensibilidad latinoamericana es probablemente uno de los mayores méritos del proyecto.

En paralelo, Benny también fue expandiendo el alcance internacional de Bonanza mediante showcases en ciudades clave para la cultura club global. Eventos en espacios como Hoppetosse, BIS y The Love Inn ayudaron a exportar la esencia del festival fuera de Colombia, conectando la energía tropical de Buritaca con algunas de las escenas más activas de Europa.

Detrás de cabina, Benny mantiene esa misma filosofía abierta y desprejuiciada. Sus sets suelen evitar estructuras rígidas, mezclando géneros y climas con naturalidad, siempre priorizando la construcción de momentos colectivos antes que el impacto inmediato. Hay algo muy ligado a la tradición rave británica en su forma de seleccionar música, aunque reinterpretado desde la experiencia latinoamericana y el contexto selvático que hoy rodea su vida cotidiana.

En una escena global cada vez más homogénea, proyectos como Río Hostel y Bonanza lograron construir un lenguaje propio. Y en gran parte, eso sucede gracias a figuras como Benny: personas que entienden la música electrónica no solamente como entretenimiento, sino como una herramienta para generar comunidad, intercambio cultural y experiencias que trascienden la pista de baile.