La semana pasada tuve la oportunidad de asistir a Pista Pista Pista, un festival de ideas impulsado por Gaba Najmanovich que reunió 9 charlas. A lo largo de los encuentros apareció un denominador común: construir proyectos relevantes exige mucho más que una buena idea. Requiere una identidad definida, una comunidad con la que conectar y una estrategia capaz de transformar esas ideas en acciones concretas.
No se trata de convencer a todo el mundo. Una de las ideas que más me interesó fue entender dónde ponemos nuestra energía. En lugar de invertir tiempo intentando convencer a quienes no forman parte de nuestro público, el desafío está en reconocer a quiénes queremos llegar y construir ese vínculo. Y para alcanzar nuestros objetivos, también hay que saber pedir ayuda, reconocer nuestras limitaciones, delegar y apoyarnos en otros. Algo que cobra especial importancia al liderar equipos, sobre todo en momentos de crisis, donde transmitir una visión y mantenerlos inspirados puede hacer la diferencia.
La comunidad como punto de partida. Construir una audiencia que conecte genuinamente con los valores de un proyecto es mucho más valioso que acumular seguidores. Para eso, primero hay que conocerla. Observar qué pasa a nuestro alrededor también puede darnos pistas: ¿dónde están los jóvenes?, ¿qué consumen?, ¿qué espacios habitan? Las nuevas generaciones pueden funcionar como un termómetro de los cambios culturales y de hacia dónde podría ir el futuro, incluso cuando no son nuestro público objetivo.
En paralelo, aparece una demanda cada vez más fuerte de autenticidad. No alcanza con decir que una marca es auténtica: tiene que notarse en cómo se comunica. Desarrollar un tono propio, encontrar palabras que nos representen y no perder frescura es fundamental. Ojo con sobreutilizar la IA, hay una complicidad y una conexión que se construyen únicamente entre humanos.
La publicidad tampoco tiene por qué sentirse siempre como publicidad. Puede ser entretenimiento, inspiración o una invitación a imaginar nuevas posibilidades. No se trata solamente de mostrar un producto, sino de darle al público ideas sobre cómo incorporarlo a su vida. Si después de una campaña alguien se queda pensando en la marca, ya logramos algo importante.
La atención es un recurso limitado. Entre anuncios, marcas, proyectos y notificaciones, ser claros y concisos es fundamental. Y para saber si vamos por buen camino, hay una premisa que vale recordar: lo que no se mide no se mejora. Observar resultados permite tomar mejores decisiones, detectar oportunidades y corregir el rumbo.
También me quedó resonando una pregunta: si pudieras crear tu propia herramienta de trabajo, ¿cuál sería? ¿Qué te facilitaría realmente el día a día? Explorar a fondo los recursos que tenemos, desde herramientas digitales hasta soluciones tangibles, puede abrir nuevas posibilidades para trabajar mejor. ¿Conozco de punta a punta las herramientas que utilizo?
Ser diferente también implica asumir riesgos. Construir una identidad propia requiere conocerse y buscar inspiración más allá del propio rubro. Mirar otras industrias, trasladar referencias y recuperar recuerdos o experiencias personales puede aportar perspectivas mucho más originales que mirar constantemente a la competencia.
Y, por supuesto, aparece la viralidad. Subirse a una tendencia puede servir para ganar visibilidad, pero difícilmente alcance para construir identidad. Lo viral es efímero, la pregunta es qué pasa después y si estamos preparados para capitalizar esa atención. Sin un concepto que conecte una campaña con la marca, puede haber alcance, pero no necesariamente afinidad o conversión. Seguir tendencias puede ser parte de una estrategia, siempre y cuando haya un plan a largo plazo que lo banque, seguir contenidos virales hace que se homogenice la comunicación y todos hablen de la misma manera.
Me fui de Pista Pista Pista con muchas anotaciones, pero también con nuevas preguntas. Quizás esa sea una de las mejores cosas que puede dejar un espacio de intercambio y no necesariamente respuestas cerradas.
_FiPwW.webp)



